⚓️Arrastro un ancla por toda la ciudad. La gente no se sorprende por el hecho de que arrastre un ancla sino por la proeza que supone tener la fuerza ante quince toneladas. Voy dejando marca allá por donde paso. Me hace recordar a Pulgarcito, pero en versión heavy. Pasé el otro día por el parque y produje un megasurco. El ayuntamiento se apresuró a crear un macrohuerto. Los policías no osan decirme nada. Los funcionarios del Museo Naval salen a las ventanas para saludarme. Cuando llego a casa después de hacer mis recados matutinos algún vecino se impresiona y algún otro bromea diciendo que mi llavero es un poco grande. Yo les respondo que es herencia familiar. Me he hecho con una carretilla con ruedas. El hecho de que atravesara la Gran Vía destruyendo la nueva composición de bancos y farolas no fue muy popular. Digamos que sí fue popular ya que mi notoriedad aumentó. Salí en todos los periódicos. Recibí miles de cartas, sobre todo de marineros y mujeres pesadas. El Gran Houdini me llamó personalmente. Los niños firmaban en el ancla garabatos. Me ofrecieron trabajo en circos y empresas de construcción. Yo me negaba, ya tenía suficiente con la condena de arrastrar un ancla. Pero cuando quise, al percibir que la atención sobre mí bajaba, argumentaron que ya habían encontrado a otra persona, que arrastraba un cañon de hierro forjado de cuatro mil kilos por toda la ciudad.⚓️

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