Esta fue la primera y la última vez que hice de capuchón
Esta fue la primera y la última vez que hice de capuchón. No por nada, sino por temas logísticos. La foto es porque me habían regalado una Polaroid en la comunión. Debía tener 11 años, y la medalla colgada era de mi vecino del segundo piso que me la prestó. Mucha responsabilidad por la historia que os voy a contar. Spoiler: los milagros existen. Me había preparado fervientemente: mi madre cosió todo el total look y compré el cinto y la vela. No sé si me apetecía mucho. Yo ya era el monaguillo estrella en las misas de los domingos. Leía muy bien en el púlpito con un buen micrófono a San Pablo a los Corintios. Siempre he dicho que nunca he tenido un público tan agradecido. Salía en un procesión de tarde, de la iglesia de San Juan Bautista de Cáceres, tocayo, una preciosa iglesia del siglo 13. Había llenado mis guantes blancos de chicles y demás golosinas pica pica. Durante las subidas y las bajadas por la parte antigua de Cáceres, alimentaba mi gaznate de azúcar por debajo del capirote. El ritmo de los palos de hierro atronaban. Pero fue un momento para probar como se sentía el vestir con falda. La cuestión es que al terminar la procesión de horas, a ritmo de fuego lento, estaba muy cansado y hasta harto, y muy asfixiado por el capuchón. Me lo quité como quien se arranca una segunda piel de la cara frente a la iglesia de San Mateo y me deslicé cuesta abajo hacia mi casa, solo, durante la noche, sin sentir nada, ninguna respuesta, vacío, cuando me percaté de que había perdido la medalla que me habían prestado! Volví hacia el meollo con el corazón a mil. Recuerdo que sólo veía pies y pies, zapatos y zapatos mientras miraba al suelo. Desesperado por momentos, y dolido por los empujones mientras me abría entre la masa de cientos de personas, como quien corta maleza en la jungla, vi en un segundo de revelación, la medalla en el suelo empedrado. La agarré con fuerza y repetí el camino a casa sin saber que esta anécdota la contaría 31 años después. En ese momento creí en Dios.
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