"La gente que lee mientras anda"


Es una disciplina olímpica. Yo me cruzo con esa gente y sonrío. Para mí es como ver a un bebé riendo, me enternece y me admira. Y algunos libros pesan muchísimo. Leer los Pilares de la Tierra implica un grado más de dificultad que Memorias del subsuelo. Debería haber competiciones, como la carrera de tacones pero versión leyendo mientras andas. El otro día vi a un ejecutivo atravesando el Bernabéu lleno de otros ejecutivos en hora punta leyendo mientras andaba a Carmen Mola. Andar leyendo es no tener miedo a la muerte. Puede que sea uno de ellos. No por lo de Carmen Mola. Pero en una gran ciudad no hay tiempo, y si el libro engancha no hay manera. Por cada línea un vistazo al frente. Tomas el sol y te culturizas. La siguiente fase sería recitar mientras andas. Pero todavía no estoy tan loco. Aunque la melena de juglar la tengo. Para trayectos cortos, haikus. Para grandes avenidas, Foster Wallace. En el metro se continúa leyendo. Pero es un sitio seguro, aunque alguna vez se nos pasa una parada. Si dejaran dar vueltas mientras lees en las bibliotecas, habría más gente. Y todavía no creo tanto en los audiolibros. Demasiado fácil. Sylvia Plath y pasos de cebra, Panero y cacas de perro, Colette y fuentes, Chéjov y captadores de Oxfam. Si no te saludo por la calle no es porque sea miope (que también), es porque me pillas leyendo mientras ando. Si estáis en la otra parte y estáis a punto de chocar con alguien que anda leyendo, no os enfadéis con ellos, preguntarles qué están leyendo. Aprovechad las recomendaciones para cuando tengáis que hacer cinta en el gimnasio.

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