Luna llena en Sagitario

Interior: baño de luz blanca sobre negra cruz que se parte en cuatro. Los ojos tornasolados. Algo mutuo que nos casa. Cama limpia de estrellas. Avisan las vueltas, avisan las patadas al humo. Hemos utilizado el mismo cuchillo y tenedor para comer nuestro secreto.

Exterior: luna llena de pensamientos oscuros. Los perros ladran y aúllan. El cosmos que nos cansa. Rueda de plata abriéndose camino por el torrente de sangre. El polvo levita. Está de testigo tu ángel. Siento pena por ti, siento pena por mí. Como el misterio con las manos.


Sala de estar

Voy consiguiendo ganar al sol al escondite
Espero que mi respiración no me delate
Voy poniéndome moreno de oscuridad
Abierto mi culo sobre el baúl
Azul el cielo escondido, planetas de libros
De autores que han explotado, el blanco
Nuclear de un pequeño frigorífico, Vía Láctea
Donde quisiera descubrir a algún bicho
Que vaya consiguiendo ganarme al escondite

RAYUELA

Muchos hombres juegan a la Rayuela sobre el cuerpo de las mujeres y pierden: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10.
Quizás ellas prefieran el 4, 6, 8, 9, 10, 1, 3, 4, 2, 5.
Quizás a veces sólo les apetezca el 5, 5, 5, 5, 2, 3, 5, 5, 5.
Los pechos en Nicaragua, Japón o Sudáfrica son iguales.
No pienses que todos los pechos esperan dólares.
No pienses que los pechos esperan.
No pienses.
No pienses cuando chupas sus ojos de leche mientras el Gran Ojo nos observa.
Intenta conocerla mejor haciéndole una radiografía horizontal.
Hazlo tan bien que su cuerpo retenga en su memoria de carne lo que le hiciste.
Escribe en su espalda con el dedo “aliento” y en su estómago todavía no embarazado “siempre”.
Intenta que sus orgasmos cuenten más de 10.
Que la Rayuela dure lo máximo: una calle entera, un malecón. Hasta el mar.
Leed algo después.
Tacha en tu agenda su nombre si quieres. No es un contrato.
Apunta su talla de sujetador, si quieres, pero sólo para regalarle uno al día siguiente y coser tus iniciales en él.
Y háblale de la “futilidad de la memoria” para justificar que mañana
no será sólo una cruz en la lista.
Que será algo más que Emma, Sofía o Giovanna.
Que será.
Que serás.
Que.
Que tú para ella no serás un dildo más.
Que tú para ella serás algo más que Claudio, Tizziano o Giulio.
Que tú para ella eres también una Rayuela.
Quiero ser escritor quiere decir que quiero tener tiempo para escribir.

Suma y Resta

Uno, 3 letras
Solo, 4 letras
Cinco, 5 letras
Poesía, 6 letras

Escribir

Para mí escribir es como jugar solo a chutar la pelota contra una pared.

No me gusta la palabra "solo"

No me gusta la palabra solo es
demasiado corta para todo lo que significa
un mar grande de silencio encerrado
en un cuerpo, un hoyo negro
profundo sin saber donde acaba como para
ser pronunciadas sólo cuatro letras. Solo
es mucho, es mucho el estado de quererse
poco
o no quererse nada a uno mismo,
solosolosolo sería mejor, un poco más larga
tendría más sentido
es más adecuada esa repetición:
como un eco de la memoria de alguien que
sí nos quiso.

True love

Metí el pie en el hoyo. Pensé en demandar a la ciudad. El daño ya estaba hecho y por un momento desistí de hacerlo porque sólo pensaba en ella. En su ojos, en el contacto de su piel con la de mis manos bajo su ropa. En el contacto de mi ropa contra la suya.

Miré el reloj, pero antes metí el pie en el hoyo y pensé en demandar al Ayuntamiento de Madrid. Me lo recomendó que lo hiciera una de las señoras que vino a socorrerme y que me pegó una torta en la cabeza por haberla asustado. Me pegó con otras tres señoras que se acercaron también a socorrerme y a pegarme. Estaba anestesiado por el dolor. Pero decidí ir a buscarla al trabajo.

El viaje en metro fueron seis paradas pero con el dolor que sentía en el tobillo parecieron doce.

Para llegar a la sede de su empresa había que recorrer un parque industrial y luego un parque con algunos árboles por crecer y bancos recién pintados y solitarios. Mientras arrastraba uno de mis pies por el suelo, podía ver a lo lejos el skyline de empresas.

Cuando llegué a la recepción, vi como la cara de la recepcionista quedó desfigurada después de darme los buenos días sin mirarme, supongo que fue al levantar su mirada y verme a mí desfigurado por el dolor. Le pedí aun así, que avisara a Laura, del departamento de compras.

Me senté en una de las sillas de una pequeña sala de espera al grito de dolor. Laura apareció a los cinco minutos, sorprendida.

Hablamos a un metro de distancia.

- ¿Podemos vernos luego?
- No lo sé.
- Esperaré fuera, sentado en un banco.
- No.
- Volveré a casa entonces.

Al mirarla, recordé la última vez que nos habíamos visto. Le di la espalda y crucé de vuelta el pasillo, luego la puerta que da a la recepción y luego la puerta que da al exterior. Deshice el camino, deshice las seis paradas de metro que fueron como veinticuatro. Llegué a por fin a mi estudio, frío, marrón, abuhardillado. Comencé a llorar nada más cruzar la puerta, abatido por el esfuerzo que acababa de hacer.