BRAGUETA

Igor era un hombre lo que se dice reputado. Adorado y respetado en el mundo científico. Admirado por su familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, portero, portera, perritos, gatos callejeros, mimos, monjas, ladrones y espectros.

Pero ese día, desde el inicio de la masterclass que impartía, ante cientos de personas, en ese recinto cerrado, él, sobre el escenario a oscuras, con un foco apuntando a su cuerpo, tenía la bragueta del pantalón abierta. 

Pensó que las risas del público desde el primer momento se referían al entusiasmo generalizado por verle de forma casi íntima en aquella ciudad. A una pareja de psicoanalistas que estaban en primera fila les encantó aquella imagen. Una pareja de sastres que estaban en tercera fila pensaron que esa cremallera no estaba bien rematada. 

Nadie atendía a las palabras amplificadas de Igor. Sólo podían centrar su mirada en la bragueta abierta, en ese detalle de negligé destartalado en un señor tan importante. Paseando de un lado a otro del escenario aquel supuesto agujero negro, hiper iluminado,  donde para más inri, se intuía el estampado de unos calzoncillos de Bob Esponja. 

Los organizadores del evento no imaginaron que iba a estar esponsorizado por Intimissimi uomo.

Igor dio su charla, entre las sonrisas nerviosas, carraspeos cómplices, suspiros desesperados o silbidos irónicos de los asistentes. ¿Cómo interrumpir a aquella eminencia, en aquella situación de excelencia máxima, con un comentario tan común de autocuidado estético que se haría a cualquier mortal?

Igor era un hombre de mediana edad, sea lo que sea que sea esa edad, y tenía mucho éxito entre las féminas. 

Durante el cocktail posterior a la exposición, todo el mundo le felicitó por su "naturalidad". Intentaron sacar el tema de Bob Esponja tras hablar sobre la teoría de cuerdas. 

Igor, apoyado sobre la barra del bar, en posición campechana y desenfadada, continuaba con la bragueta abierta. ¿No le entraba el frío del aire acondicionado por allí? ¿Tan insensible era? ¿Un hombre de ciencia se mostraba tan impasible ante semejantes corrientes?

De lejos, entre la muchedumbre de la pista, la que era la catedrática ponente que habló sobre literatura medieval después de él, y a la que había ignorado en el programa, tanto en papel como en digital, le llamó la atención. 

Bailaba, ausente del hecho de que tenía el extremo de la falda enganchada en la cintura, después de ir al baño tras muchas copitas de agua Evian, dejando media pantorrilla trasera desnuda y un trozo de ropa interior con estampado de Hello Kitty.

No pudo evitar sentirse atraído por ella, ¿cómo alguien tan inteligente podría no darse cuenta de semejante situación? 

Y pensó que era algo enternecedor. 

A través de las luces estroboscópicas se miraron a los ojos y a otras partes de sus anatomías que no identificaron el porqué.

Se sonrieron e Igor sintió que era lo más probable que empezase una historia de amor.

Igor pensó: es guapa, y es mucho más ridículo llevar un birrete de rector de universidad. 

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