🔴🔴🔴
Estando en el Infierno me dijeron: - te hemos comprado un billete para el
cielo. No te podemos tener más aquí. Has sido seleccionado por
concurso-oposición a dedo. Yo no me había presentado a nada. Simplemente
llevaba siglos jugando al póker en el tasca, pasando desapercibido
entre el humo. –No queremos gente con una maldad y una perversidad tan
impostada, queremos malos reales. Suponía eso separarme de mi mejor
amigo, Oliver. Era un chico brasileño de las favelas, dormíamos en
el mismo colchón de pinchos. – Quiero ver a Satán personalmente. – No
es posible. Está supervisando la producción de una película de Lars Von
Trier. Tomé el billete. –Eres bueno, se te ve en los ojos, ese ha sido
tu problema. Durante los últimos años había estado maquillándome con
kohl. Me ponía una máscara de ceniza todas las noches. La puerta del
Infierno se abrió para mí, era una reproducción de una Puerta de
Babilonia. Oliver se acercó y me regaló su tridente como recuerdo,
dedicado a fuego. No quise recoger mis cosas. No tenía apenas . En la
puerta de embarque a la cápsula que me llevaría al cielo, los primates
que hacían de azafatos me dieron una bolsa con todo lo que necesitaría
en mi destino: un halo, una espada, papel, boli y un antialérgico para
las flores del paraíso. 🔴🔴🔴
🦇🌈🦇 (desierto)
Dentro del coche la luz era infrarroja. Alberto llevaba unas gafas moradas. Fuera, el desierto propinaba golpes de viento amarillos contra los cristales. El cielo era azul o negro. No había estrellas plateadas. Nos dirigíamos a un oasis dorado. No estaba acostumbrado a ir de copiloto en el Audi Q8 naranja, pero Alberto se puso púpura de furia al proponerle lo contrario. Reía, reíamos. Eran verdes nuestras risas. Al bajar del coche, advertimos sombras marrones: los coyotes se reunían alrededor del oasis. Bebimos junto a ellos el agua violeta. Comimos escorpiones grises que Alberto capturó. Todo era de un romanticismo carmesí. Quería a Alberto como la mezcla del blanco y el rojo. Sacó una rosa fucsia, era preciosa, estaba llena de espinas enormes como colmillos. Montamos de nuevo en el coche y atravesamos el desierto a setecientos kilómetros por hora mientras amanecía. El cielo era turquesa, el sol, ámbar. Atajamos a través del agujero de gusano que nos llevaría directamente hasta el subsuelo de la Plaza de Notre Dame.
🦇💉 (dentista)
De primeras la recepcionista me pareció atractiva. El color morado de su uniforme me pareció un acierto. - Tengo cita a las once. Me miró a los ojos y se disculpó para atender una llamada. Era también yo. Le comenté que en el caso de que no estuviera ocupada quería hacerle algunas preguntas. Me respondió que estaba atendiendo a alguien en recepción pero que tomaría mi teléfono. - No es necesario- le dije, a la vez, de pie, y en silencio. - Este estúpido me ha colgado. Pase a la sala, por favor.
El doctor me sentó en una silla reclinable. Me sentí Frankenstein. Mientras hurgaba en mi boca decidí llamar mentalmente de nuevo a la auxiliar. Comunicaba. Lo volví a intentar. Respondió. Ordené a los dos lobos que esperaban fuera que se acercaran a la puerta para que los pudiera ver. Gritó. El doctor patinó despavorido hacia la recepción mientras yo me abandoné en horizontal estrujando la bola antiestrés que me había prestado.
El doctor me sentó en una silla reclinable. Me sentí Frankenstein. Mientras hurgaba en mi boca decidí llamar mentalmente de nuevo a la auxiliar. Comunicaba. Lo volví a intentar. Respondió. Ordené a los dos lobos que esperaban fuera que se acercaran a la puerta para que los pudiera ver. Gritó. El doctor patinó despavorido hacia la recepción mientras yo me abandoné en horizontal estrujando la bola antiestrés que me había prestado.
La hora del té 🍸🦇
La hora del té se convirtió en la hora del Bloody Mary. No pude
contenerme. Me avalancé sobre su cuello. Pensó simplemente que iba a
acariciárselo con los labios, pero el vaso de vodka se tambaleó tanto en
su mano que el líquido transparente salpicó mi cara justo en el momento
en que le mordía. Sabía que no era virgen. Lo acabábamos de hacer.
Sabía que le sorprendería aquella violencia. Lo habíamos hecho al ritmo
de una barca a la deriva. Se quedó helado. Parecía estar mordiendo un
trozo de carne de pingüino. Escupí en la coctelera. El camarero al verme
se acercó a preguntar a pesar de que la propina ya estaba incluida.
Alberto estaba pálido, estaba guapísimo. Como hipnotizado miró al
camarero que estaba pensando si éramos pareja o hermanos o las dos
cosas. Tuvo que darse cuenta de que le estaba leyendo la mente porque le
obligué a pensar que nos haría un cincuenta por ciento de descuento.
(cocina) 🍌
Me lanzó una bola de helado a la cabeza como si fuese una bola de nieve. No entendía ese comportamiento. Ni siquiera había tanto helado como para hacer de mí un muñeco. Era su manera irreverente de hacerme reaccionar.
- Deja de comer remolachas. ¿No ves como te estás poniendo? ¿por qué te has vestido de negro? ¿te parece normal llevar las gafas de sol puestas? Estás palido ¿Te encuentras bien? No parece que esos panes de ajo te hayan sentado bien, ¿no habrás vuelto a echar los restos al los rottweiler de lo vecinos? No paran de aullar. Que sepas que el otro día Violeta me dijo que le propusiste que fuéramos al cementerio a pasar el día ¿por qué si no tienes a nadie enterrado allí? Si fuese en el pueblo lo entendería. Llevas unos días muy extraño. Que sepas que encontré debajo de la cama restos de lo que parecía ser un bolso de cuero despedazado, ¿no será de otro no? ¿por qué hueles así, tan mal?, si no pensaría que ese olor viene del perfume de otra persona, y ¿qué interés tiene esas guías sobre Rumanía? ¿qué se te ha perdido allí? Dijimos que pasaríamos las vacaciones en Las Palmas. Has destrozado siete cepillos de dientes en una semana.
Alberto me tiró otra bola de helado.
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- Deja de comer remolachas. ¿No ves como te estás poniendo? ¿por qué te has vestido de negro? ¿te parece normal llevar las gafas de sol puestas? Estás palido ¿Te encuentras bien? No parece que esos panes de ajo te hayan sentado bien, ¿no habrás vuelto a echar los restos al los rottweiler de lo vecinos? No paran de aullar. Que sepas que el otro día Violeta me dijo que le propusiste que fuéramos al cementerio a pasar el día ¿por qué si no tienes a nadie enterrado allí? Si fuese en el pueblo lo entendería. Llevas unos días muy extraño. Que sepas que encontré debajo de la cama restos de lo que parecía ser un bolso de cuero despedazado, ¿no será de otro no? ¿por qué hueles así, tan mal?, si no pensaría que ese olor viene del perfume de otra persona, y ¿qué interés tiene esas guías sobre Rumanía? ¿qué se te ha perdido allí? Dijimos que pasaríamos las vacaciones en Las Palmas. Has destrozado siete cepillos de dientes en una semana.
Alberto me tiró otra bola de helado.
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🦇🦇🦇🦇🍭🍭🍭 (sopa)
Mantenía dentro de una caja de zapatos a varios murciélagos bebé. Al haberlos visto caídos bajo el árbol como galletitas andantes, no pude resistir la compasión hacia mis compañeros e hice unos agujeros en la caja mientras tanto. Había quedado con Amanda en que vendría a verme a casa y no estaba dispuesto a que los descubriese. Le parecería raro algo que a mí me enternecía como una mascota más. Absorto en mis pensamientos pisé sin querer la caja, y aturdido, los cogí con mis manos y los metí en la sopera de porcelana. Sonó el timbre. Era Amanda. Los murciélagos bebé gritaban, intentaban escalar el interior de la pieza resbalando y los ultrasonidos que emitían eran insoportables. Mentí a Amanda, le dije que lo que escuchaba era mi estómago. Era febrero, hacia frío y quiso prepararme una sopa de tomate.
*
Realmente me di cuenta de que no se encontraba bien de la cabeza cuando me dijo que su objetivo en la vida era convertirse en un actor reputado de Hollywood. Zeta no era actor, ni siquiera había asistido a clases de interpretación. Tenía talento natural para mentir, eso sí y de que la gente se apiadara de él al ser conscientes de que mentía. - "El sueño americano", reía. En esos momentos que compartíamos una vez a la semana siempre me sentía como un adolescente. - Ganar un Óscar, se ponía serio. Cogió la cerveza como si fuera una de las estatuillas de oro. Yo fumaba y asentía. - Para empezar sólo es necesario tener contactos allí, ¿Conoces a alguien allí? Le respondí que sí porque quería continuar con su mentira. - Tengo una prima del pueblo que trabaja allí como camarera. - Si reuniésemos el dinero suficiente para los billetes de avión... Si continuásemos pidiendo, en dos años tendríamos uno de ellos... El sol caía detrás de la colina. Una valla publicitaria en forma de toro adornaba la ladera. - Me duele la cabeza. Me giré hacia un lado y nos arropados con sábanas de cartón.
Mientras me echaba una siesta a la luz de dos velones púrpuras, Amanda me llamó por teléfono para proponerme ir al cine. - No sueles hablar mucho y eso me atrae. Pasa a recogerme por mi casa sobre las seis. Estoy segura de que la película te gustará, a nadie le gusta... Colgé. Tuve que chupar la sangre de una de las ratas que mantenía en una jaula por los nervios. Eran las cinco. No sabía que ponerme. Salí del armario habiendo elegido una camisa de chorreras. Continuaba siendo verano, y el maligno sol me esperaba fuera. Nadie lo vería, pero llevaba una capa. Antes de salir me despedí de mis dos husky siberianos y los dejé enganchados a la tele viendo un documental sobre los Cárpatos. La casa de Amanda estaba realmente cerca o al menos realicé el trayecto de forma tan rápida que pareciese que me había transformado en humo arrastrado por el viento. Subí hasta el sexto piso volando, lo achaqué a mi esfuerzo los últimos días en el gimnasio. Al ver a Amanda en el quicio de la puerta esperándome se me pusieron los ojos amarillos. - ¿Te encuentras bien? Amanda llevaba las uñas de los pies pintadas, un vestido muy corto y una gargantilla en la que colgaba una cruz dorada. Caminamos juntos hacia el cine, yo siempre mirando hacia el suelo, ella no paraba de hablar. Yo sólo deseaba pornerme una palomita de maiz en cada diente. Pero en un momento dado, me agarró de la mano y me arrastró hasta lo que parecía ser un centro cultural. Después de atravesar varios pasillos de paredes blancas, nos sentamos en medio de la sala que ya estaba a oscuras y cuando pensé que por fin podría reposar y disfrutar de la película aparecieron los títulos de crédito: "Sobre la vida de San Francisco de Asís".
(piscina) 🦇🌊
Estaba bañándome en la piscina. Era domingo. El sol caía bajo. El agua no era un elemento ni un líquido que me emocionase. El color rojo del bikini de Amanda me llamaba más la atención. Pasaba la mayor parte del tiempo sentado al borde del trampolín, hasta que decidía saltar y volver a él. Observaba al resto con vista de pájaro. Desde allí podía ver los loopings de las montañas rusas del parque de atracciones. Mi bañador era negro. Yo pedía al que ejercía de camarero bloodymarys y sangría. Amanda era de Rumanía. Los colmillos me dolían. Jugamos a encontrar monedas bajo la profundidad. Me dispuse a ponerme primero el esnórquel. Los colmillos me latían. Amanda se lanzó en bomba. La visión fue de bruma, de niebla en el bosque. Lancé el esnórquel al bordillo. Divisé el bikini rojo de Amanda como una mancha de sangre sobre leche. Me sentí esperanzado. Me dirigí hacia ella. Sus piernas no paraban de moverse como las de una rana. Después de un largo buceando, el sonido sordo a todo volumen me retaba. Tuve la imperiosa necesidad de morder a alguien en las muñecas. Tuve que enganchar mi boca a uno de los flotadores. Salí de la piscina empapado y reposando a mi lado estaba la colchoneta en forma de cocodrilo. Amanda reía bajo el agua.
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