Fiesta

Salta de mesa en mesa de silla en silla baila 
de esquina en esquina rompe los vasos de falda en falda 
ama de pantalón a cremallera baja del cielo 
al suelo camúflate de confetti abraza el barreño 
de ponche. 
Curva  tu cura 
ríe tu herida en la fiesta.



Amor Negro

Vamos Vamos Corre Amor Date prisa Vamos a morir juntos Esta noche Dados de la mano Como cuando nos vamos Juntos Vamos Prepara la pócima La saliva Negra Será eterno nuestro Caer Desplomados sobre la alfombra Vamos Date prisa Amor Vamos a morir juntos Seremos dos yunques Que agujerearán el tiempo.



Tumbona

Puzzle de haya.

Hija bastarda de la Bauhaus que ahora es puta de Ikea
se abre formando un ángulo de 120 grados de plástico.
Nadie la quiere usar hasta que no estemos exhaustos
y se preste a llevarnos a sueños hasta babearnos

Yermo consuelo sobre sus hombros de tornillo.

Estanco

Hablar con el estanquero es como hablar sobre la muerte.
Hoy iba vestida de verde mentolado.

XI

Tengo cerca el cuchillo
Las tijeras
El espejo
El periódico.

Turismo de turistas

Salimos de la boca del metro. Contemplamos el cielo y la ciudad. Calles infestadas de turistas. Contemplamos a otros turistas contemplando el cielo y la ciudad.
Los dispositivos tecnológicos fotográficos, (cada vez más ligeros, compactos y baratos; cada vez más presentes en nuestro ocio y en nuestro cuerpo) se han convertido en compañeros indispensables para el nuevo turista del siglo XXI.
A muchos de los turistas, que podríamos llamar “turistas de selfie” les es suficiente una rápida ojeada a la Gran Esfinge de Tanis del Museo del Louvre, por ejemplo, para apreciarla y, sin embargo, se toman su tiempo para posar adecuadamente en la foto junto a ella.
¿Pero qué pose adoptar ante tal reliquia, ante tal maravilla de valor incalculable? ¿Cómo posar sensualmente, labios entreabiertos, mirada al horizonte mientras abrazas una pieza de arte egipcio? Lo importante es hacer ver al resto que has estado allí con ese “trozo de piedra” en el que el protagonista eres tú.

Pero turistas, opino que es difícil superar el charme y la belleza de la Venus de Milo o la de la Victoria de Samotracia, a pesar incluso de no tener cabeza para dar su mejor perfil o brazos para hacerse selfies.

El amarillo de los dientes de Michel Houellebecq

El marrón del Sena
El marrón del chocolate
El marrón del café
El marrón de la Tour Eiffel

El negro del vino
El negro de los cuervos
El negro del cuero
El negro de los negros

El gris del cielo
El gris de las palomas
El gris de la ceniza
El gris de la melancolía contaminada

El amarillo de los dientes de Michel Houellebecq.


París,
17/01/2015



París me quiere pero yo no la quiero a ella

París me quiere
me quiere
París me quiere pero
yo no la quiero a ella.

París me quiere
andando
simplemente andando
maniquí de cara blanca
de labios rojos
que mira al cielo azul
¡por fin azul!
de París.

París me quiere muerto
en una tumba
en uno de sus cementerios
quiere mi silencio.

París me quiere
y quiere mi lápida.

París me quiere
me quiere
París me quiere pero
yo no la quiero a ella.


14/01/2015