El texto de Esther Soriano: los pensamientos de una cafetera al ser visitada en una exposición

Qué bien que Juan me ha sacado de excursión, o de exposición mejor dicho, mola esto de salir a pasear y lo de colocarme bien guapa en la pared, enmarcada y todo, como una modelo en una pasarela de madera y fondo de gotelé, al principio me daba un poquito de vergüenza, pero ahora me encanta, conozco gente nueva, les observo cuando se paran delante de mí, y si acercan la mirada un poquito más y sonríen, me dan escalofríos, vaya momento más íntimo cuando leen el nombre de Juan, me pongo tan hueca, quisiera susurrarles JuanDando JuanDando, pero ya lo leen ellos; es que quiero mucho mucho mucho a Juan, que me ha vestido con estos colores que me dan tanta vida y me ponen de buen humor y creativa, y me ha colocado pajaritos alrededor que cuando no hay nadie mirando cantan y pian mejor que los de Blancanieves, y las frutas y los corazones y las nubes y el murciélago despatarrado y las tazas de porcelana que quedarían genial sobre una mesa de mármol, y me ha puesto amor del bueno, se nota que me quiere y me ha mimado, me encantan sus mensajes, creo que los ha escrito en un cuaderno porque hay un recorte de los cuadraditos de las anillas, me los aprendo de memoria durante el día y así cuando apagan la luz en la galería los recito y me entretengo, In-silence-waiting-for-the-other, Ah-but-the-loneliness, I-have-eternal-beauty-in-my-dream-I-fly, Now-this-profetic-dream, y es como como si tuviera música encerrada en mis pulmones metálicos, dentro de mis paredes de piñas y frutas exóticas, y abro a tope la tapa para cantar, y la cierro y la vuelvo a abrir, arriba, abajo, arriba, abajo, con los pajaritos y música de violines y el chisporreteo de un huevo frito y el agua hirviendo dentro de mí, rozándome por dentro en mis tripitas que se van calentando, y va saliendo con un humo como de nubes que parece espuma de clara de huevo batida a punto de nieve, huevo, perfecto para un desayuno con mi café, y me excito un poco, imaginando cómo me pueden coger de la cintura y girarme antes de colocarme el café en el estómago, con manos con mezcla de soltura, ritmo y firmeza, un baile redondo haciendo piruetas que giran y giran y giran, luego llega el chico de la galería y enciende la luz y espero a los visitantes que miran y se acercan y sonríen, como la mujer que ha venido esta mañana con un vasito de papel y tapa de plástico, de esas de momentos íntimos, ojalá el café se lo hubiera preparado conmigo, pensaba yo, pero da igual, le gusté, seguro, me gustó, nos gustamos, tenía las botas y el bajo del pantalón mojados y una bufanda larga, le costaba irse de allí pero no era porque llovía sino porque le gustaba compartir su cafeína y hablarnos en silencio, y ese momento íntimo conmigo, y nos hicimos amigas.

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